Sexagenario bikini

Alfredo Bryce Echenique, escritor
Hasta donde he podido averiguar, el bikini es la única prenda de vestir cuyo cumpleaños se celebra, sobre todo en el mundo de la moda.
Tal cosa se debe indudablemente a que el minúsculo bañador marcó la diferencia desde el principio y nos trajo una nueva realidad de cuerpos más libres y al mismo tiempo se convirtió en estandarte de una revolución femenina históricamente pendiente. Merece la pena, pues, que recordemos su historia, sobre todo porque este año el eternamente joven bikini cumple nada menos que sesenta años.
Su inventor, en 1946 --el mismo año en que se prohibían los prostíbulos en París--, fue Louis Réard, un ingeniero francés especialista en mecánica automotriz que regentaba al mismo tiempo una mercería familiar. Desde el primer momento, el bikini conmovió al mundillo social parisino por la manera en que acortaba el traje de baño convirtiéndolo en un dos piezas que fue escandaloso para la época. Y Louis Réard, sin duda bastante consciente de sus alcances, lo llamó bikini porque la modelo que realizaba las primeras pruebas, le dijo: "Señor Réard, su bañador va a ser más explosivo que la bomba de Bikini", refiriéndose al atolón de las islas Marshall, en el Pacífico, donde Estados Unidos llevaba a cabo por esos días diversas pruebas nucleares. De hecho, ninguna modelo quiso lucirlo en un primer momento, por lo que finalmente se recurrió a una vedette del Casino de París, Michele Bernadini, quien posó con esta prenda en la desaparecida piscina de Molitor, a las orillas del Sena. Cabía en una mano y pasaba por un anillo. Para darlo a conocer, Reárd contrató un avión que arrastró por los cielos de la Costa Azul un cartel que decía: "Bikini, el traje de baño más pequeño del mundo".
Esta es la sucinta historia del bikini y todo lo demás son leyendas que han ido convirtiendo el bikini en una prenda universal y de uso generalizado. Pero no todo el mundo está de acuerdo en que fuera realmente un invento y no faltan quienes lo califican más bien como una reinvención, debido a que unos arqueólogos italianos descubrieron muchos años antes en Piazza Armerina, Sicilia, unos mosaicos con figuras de mujeres que lucen trajes de baño de dos piezas que datan de hace muchos siglos. Pero aquello quedó enterrado por la historia, y lo cierto es que hace sesenta años Louis Réard revolucionó la moda con la presentación del primer bikini.
Sin embargo, el triunfo de esta prenda llevó algún tiempo y fue necesario que quienes marcaban las tendencias por aquellos años se atrevieran a lucirla. Los franceses fueron los primeros, en 1957, con "Y Dios creó a la mujer", una película que hoy nos parecería una antigualla, en la que aparecía una muy joven y tentadora Brigitte Bardot luciendo un espectacular bikini de aquella época. Pero muchas mujeres no se atrevieron a seguir el ejemplo por considerarlo aún escandaloso e inmoral. Y muy pocos años antes en Estados Unidos se había prohibido los concursos de belleza por considerarlos también pecaminosos. En Europa, España e Italia, guardianas de la moral católica de entonces, prohibieron en sus playas la desmelenada prenda que sin embargo, casi de golpe, no dudaron en lucir dos templos de la concupiscencia como Jean Mansfield y Marilyn Monroe.
Pero la oposición al bikini continuó y vale la pena recordar que Esther Williams, una actriz que se pasó media carrera cinematográfica metida en una piscina, repetía como un loro que la ropa de baño era la menor cantidad de tela que una mujer podía usar en público y que por consiguiente era preciso pensárselo bien antes de mostrarse en una playa o en una piscina. Y del bikini decía que: "Es un impulso que ni siquiera se piensa".
Nuevamente fue el cine el llamado a convertir una prenda rechazada y criticada en objeto de deseo y en un 'must' de la moda. Por ejemplo, ¿quién no recuerda a Ursula Andress junto a Sean Connery en "Doctor No"? La rubia escultural en un bikini blanco saliendo del mar mientras escucha una concha marina cautivó a millones de espectadores en todo el mundo y muchas mujeres la envidiaron. Pero el impacto de esa escena no habría sido el mismo si Ursula Andress, en lugar de un traje de dos piezas, hubiera llevado una ropa de baño de una sola pieza. También tuvo un gran impacto la imagen de Raquel Welch con un insinuante bikini en una foto para la revista "Life", en 1965. Después vino la película "Beach Party", en la que unas muchachas bailando en bikini era la escena recurrente. La prenda de baño quedó así asociada a la diversión, la juventud, y a un estilo de vida muy alegre.
Y, para cerrar el círculo, la música también colaboró con su granito de arena: una canción puso al bikini en boca de medio mundo, en 1960: "It's a bitsy teenie weenie yellow polka dot bikini", cuya traducción al español fue: "Ese bikini amarillo de pepitas diminutas dinamitas". Al final, la prenda que cabe en una mano y pasa por un anillo pudo más que toda la censura de Franco y que todos los llamados de atención del Papa en la España e Italia de entonces. Las dos penínsulas habían sido ya invadidas por las desaprensivas suecas de pelos dorados y piel tostada por el sol de todas las costas mediterráneas. Y así, en París, en el mítico mayo del 68, cuando las feministas quemaban sus sostenes y los estudiantes lanzaban adoquines contra todas las prohibiciones que en el mundo han sido, el bikini ya se había impuesto en todas las playas, para obsesión de hombres y mujeres, aunque unos por la libido y las otras por la línea.
ALFREDO BRYCE ECHENIQUE.
GANADOR DEL PREMIO PLANETA EN EL 2002 POR "EL HUERTO DE MI AMADA" .
EXCLUSIVO PARA EL DIARIO EL COMERCIO EN EL PERÚ.


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